Etapa cuarta

BIENVENIDA DE D. FRANCISCO CERRO CHAVES, ARZOBISPO DE TOLEDO, A GUADALUPE.

 

Tema del día. «LLEVAD EL VINO AL MAESTRESALA» LA MISIÓN

Y por fin… ¡Guadalupe! De repente se divisa entre el paisaje el imponente santuario de nuestra Madre: ¡el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe! Aquí llegamos cansados, pero con el corazón lleno de alegría y esperanza. ¡Qué emoción llegar a las primeras casas y caminar por sus calles hasta subir a la plaza con la larguísima escalinata que sube hasta la puerta de la basílica de Guadalupe! ¡Hemos llegado a la meta de nuestra peregrinación! Quizá llorando de alegría o cansados, después de haber pasado frío, o haber caminado bajo la lluvia o el sol. Pero… ¡inmensamente alegres de haber llegado a casa! Sí, hemos llegado a casa, porque donde está la Madre es la casa de los hijos. Y esta casa es hogar de curación del corazón.

El camino ha supuesto para nosotros una verdadera purificación en la que hemos tenido que dejar y soltar todo lo que en nuestra vida no es esencial. Ha sido una aventura en la que hemos percibido la presencia de Jesús como Médico que ha curado las heridas interiores. El camino ha sido una “escuela de la fe” de la mano de María, un camino de esperanza y de descubrimiento también de nuestra vocación a llegar al Cielo, al banquete de nuestro Rey. Sí, este “Camino Real de Guadalupe” nos ha descubierto que hemos sido creados para el amor y la eternidad en la relación con nuestro Rey y Señor. Por eso, este camino ha supuesto una transformación interior. Realmente, es una experiencia común a todos los peregrinos que uno no vuelve como se fue. El mismo camino constituye un encuentro real, precioso, con Cristo y con la Virgen. Así les ocurrió a los sirvientes, a los novios, a los discípulos de Jesús… en Caná. Todos los invitados a la boda se vieron sorprendidos y transformados.

Los novios abrumados por ver el agua convertida en vino, su pobreza transformada para vivir en el amor. Con Cristo es posible vivir en el amor porque Él cambia nuestros corazones con su gracia para que podamos vivir nuestra vocación, la que Él ha escrito en nuestro corazón como un camino de santidad hacia la vida eterna.

Los sirvientes, porque ellos fueron los testigos directos de aquel prodigio, el primero de Jesús, que nos habla de lo que iba a ser su vida y su misión. A ellos Jesús les pidió que llenaran las tinajas hasta arriba. ¡Y las llenaron llenos de confianza! Y el agua se convirtió en vino, y vino de lo mejor. El milagro de Caná fue el signo que anticipó la gran hora que Jesús anunció: la de su entrega por nosotros en la Cruz, el misterio de la Redención. La Cruz fue la boda, ¡es la boda!, a la que el Señor nos invita y en la que somos protagonistas. En la Cruz Jesús Esposo se entrega por su Iglesia para purificarla y embellecerla, para revestirla de fiesta y llevarla al banquete de bodas en el Cielo. Por su Cruz y Resurrección, Jesús Esposo nos va transformando el corazón del pecado a la vida de la gracia, la vida de hijos de Dios. Y después la va elevando de gracia en gracia en un camino de ascenso que va iluminando y pacificando el corazón para llegar a ser santos. ¡Hemos sido invitados a participar ya aquí ahora de este banquete cuya plenitud está en el Cielo! La Eucaristía es el banquete de las bodas del Cordero que hace presente aquí y ahora el misterio de la Cruz y que anticipa la gloria de la vida eterna. En él, Jesús nos alimenta y nos va preparando para entrar “al gozo de nuestro Señor”.

El mayordomo quedó admirado de aquel vino bueno… el vino bueno llegó al final y no al principio, como cabía esperar. Y es que con Jesús lo mejor siempre está por llegar. También los discípulos se vieron sorprendidos y comenzaron a creer en Él: ¡Jesús es el Mesías Salvador prometido! Y nació en ellos la esperanza. En Él siempre tenemos esperanza…

En definitiva, todos y cada uno, quedaron admirados. ¿Y María? Ella, como ya ocurrió en Belén, “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su Corazón” (Lc 2, 19). Ella también caminaba en la fe intentando comprender el misterio de la misión de su Hijo y su propia vocación. También tuvo que crecer en fe y padecer las “fatigas del corazón”, la oscuridad y las pruebas en el seguimiento de su Hijo.

Ella ahora, al llegar a su casa en Guadalupe, no solo te ofrece el descanso del camino y la curación de las heridas que llevamos por nuestra historia personal. Su casa es la “posada del Buen Samaritano” donde su Hijo conduce a los hijos, a sus hermanos heridos en el camino y rescatados con inmenso amor. Allí la Virgen es “Madre de misericordia, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Redentora de cautivos”… Allí, en el Santuario de Guadalupe, Ella es Medicina para nuestros corazones, pero también Madre y Maestra de vida espiritual que nos muestra el camino como Estrella radiante en medio de la oscuridad de este mundo. Aquí puedes preguntarle que te enseñe el camino y te guíe en la fe. En esta boda, ¿cuál es tu vocación? ¿Qué misión tienes que cumplir? Ella te hablará al corazón, probablemente no para mostrarte todo el camino, sino para iluminar el siguiente paso y que vayas descubriendo tu misión.

Quizá muchos de vosotros ya conocéis vuestra vocación. En esta boda algunos sois esposos que debéis hacer presente en vuestro matrimonio el misterio de las bodas de Cristo con su Iglesia y la transformación del agua en vino que se vive en la familia. Otros son sirvientes que directamente trabajan por el Reino de los Cielos llevando el “vino bueno de la gracia” a los hermanos por la consagración sacerdotal o religiosa que, además, anticipa la alegría del Cielo. Pero todos tenemos un lugar en este banquete y todos somos invitados a colaborar en la Redención de Cristo según nuestra vocación y la misión personal. ¡Todos invitados! ¡Todos hijos de Dios y llamados a preparar con el Rey y Esposo la fiesta de la Redención! ¡Todos invitados a seguir llamando a muchos que todavía no saben que tienen un lugar especial en este banquete! Piensa que, en el momento de las bodas de Caná, los apóstoles todavía no conocían su misión. Pregunta a la Virgen, pregunta al Señor. Ellos te irán mostrando el camino.

En Caná, Jesús manifestó su gloria y los discípulos se admiraron de lo que contemplaron sus ojos, el Verbo de la Vida y el anticipo de su victoria de amor. Entonces sus discípulos creyeron en Él y “bajaron a Cafarnaún con su Madre y sus hermanos” (Jn 2, 11-12). También nosotros volvemos ahora a nuestra vida, a nuestra vida cotidiana con sus quehaceres. Pero volvemos de una forma distinta a como comenzamos. Vamos de la mano de María y Jesús; ellos estarán en nuestro “Cafarnaún”, en nuestra vida de cada día. Vamos a nuestras casas en la “escuela de María”. Con Ella estaremos más cerca de Jesús para que Él siga transformando el agua en vino, nuestro corazón “de gracia en gracia” y descubriéndonos nuestro lugar en su banquete y nuestra misión. ¡Llamados a una boda, llamados a trabajar con María y nuestro Señor!

¡Feliz vuelta a casa peregrinos!

 

Itinerario físico. GUADALUPE.

 

ORACIÓN DEL DÍA

 

CATEQUESIS DEL DÍA. LOS FRUTOS DE LA PEREGRINACIÓN

*Peregrinar ha sido dejar nuestros hogares para ponernos en camino, es «salir», es «primerear», es caminar con los de siempre y con los alejados que quieren también acomp*Peregrinar ha sido dejar nuestros hogares para ponernos en camino, es «salir», es «primerear», es caminar con los de siempre y con los alejados que quieren también acompa

*Peregrinar ha supuesto compartir nuestro gozo y llevar a nuestros amigos, los más cercanos y los más lejanos, a la casa del Señor, viviendo así una experiencia fuerte de comunión, fraternidad, y misericordia. A lo largo del camino hemos intentado conocer sus problemas, mostrándonos como somos y apreciando lo que es esencial en la vida.

*Peregrinar ha sido también caminar bajo la escucha y vivencia de la Palabra de Dios que ha sido proclamada y celebrada.

*Al final de nuestra peregrinación podemos festejar nuestra fe. Se trata de vivir la fiesta con la que el Señor nos ha regalado su amor a través de su Palabra y de sus sacramentos, especialmente en la Santa Misa. Pero también es vivir la alegría de los hijos de Dios, los limpios de corazón, los misericordiosos, los que buscan la paz y la justicia, … por medio de la fiesta, entorno a la mesa, en la tertulia, en el ocio, en el arte y en la naturaleza, etc.

Nos dice el Papa Benedicto XVI:

“En estos momentos históricos, en los que, con más fuerza si cabe, estamos llamados a evangelizar nuestro mundo, ha de resaltarse la riqueza que nos brinda la peregrinación a los santuarios. Ante todo, por su gran capacidad de convocatoria, reuniendo a un número creciente de peregrinos y turistas religiosos, algunos de los cuales se encuentran en complicadas situaciones humanas y espirituales, con cierta lejanía respecto a la vivencia de la fe y una débil pertenencia eclesial. A todos ellos se dirige Cristo con amor y esperanza. El anhelo de felicidad que anida en el alma alcanza su respuesta en El, y el dolor humano junto a El tiene un sentido. Con su gracia, las causas más nobles hallan también su plena realización. Como Simeón se encontró con Cristo en el templo (cf. Lc 2,25-35), así también el peregrino ha de tener la oportunidad de descubrir al Señor en el santuario.

Con este fin, se procurara que los visitantes no olviden que los santuarios son ámbitos sagrados, para estar en ellos con devoción, respeto y decoro. De esta forma, la Palabra de Cristo, el Hijo de Dios vivo, podrá resonar con claridad, proclamándose íntegramente el acontecimiento de su muerte y resurrección, fundamento de nuestra fe. Hay que cuidar además, con singular esmero, la acogida del peregrino, dando realce, entre otros elementos, a la dignidad y belleza del santuario, imagen de la «morada de Dios con los hombres» (Ap 21,3); los momentos y espacios de oración, tanto personales como comunitarios; la atención a las practicas de piedad. De igual modo, nunca se insistirá bastante en que los santuarios sean faros de caridad, con incesante dedicación a los más desfavorecidos a través de obras concretas de solidaridad y misericordia y una constante disponibilidad a la escucha, favoreciendo en particular que los fieles puedan acercarse al sacramento de la Reconciliación y participar dignamente en la celebración eucarística, haciendo de esta el centro y culmen de toda la acción pastoral de los santuarios. Así se pondrá de manifiesto que la Eucaristía es, ciertamente, el alimento del peregrino, el «sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que nos acompaña y nos indica la dirección»

En efecto, a diferencia del vagabundo, cuyos pasos no tienen un destino final determinado, el peregrino siempre tiene una meta, aunque a veces no sea consciente explícitamente de ello. Y esta meta no es otra que el encuentro con Dios por medio de Cristo, en el que todas nuestras aspiraciones hallan su respuesta. Por esto, la celebración de la Eucaristía bien puede considerarse la culminación de la peregrinación.

Como «colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), exhorto a todos los que os dedicáis a esta hermosa misión a que, con vuestro cuidado pastoral, favorezcáis en los peregrinos el conocimiento y la imitación de Cristo, que sigue caminando con nosotros, iluminando nuestra vida con su Palabra y repartiéndonos el Pan de Vida en la Eucaristía. De este modo, la peregrinación al santuario será una ocasión propicia para que se vigorice en los que lo visitan el deseo de compartir con otros la maravillosa experiencia de saberse amados por Dios y ser enviados al mundo para dar testimonio de ese amor.”

 

PERSONAJE DEL DÍA.

SAN JUAN DE DIOS.

Juan Ciudad Duarte más tarde, San Juan de Dios nació en Montemor-o-Novo (Portugal) el 8 de marzo de 1495.

Cuando aún no contaba con doce años, se establece en Oropesa (Toledo), en la casa de Francisco Cid Mayoral, al cual le servía como pastor. A la edad de 27 años, (1523) se alistó en las tropas, al servicio del Emperador Carlos I, en la defensa de Fuenterrabía, contra las tropas francesas y después en las tropas del conde de Oropesa en 1532, en el auxilio de Carlos V a Viena, sitiada por los turcos de Soliman I.

Desembarca en España por la costa gallega. De allí pasa a Andalucia y más tarde, a Gibraltar, donde se hace vendedor ambulante de libros y estampas. De ahí se traslada definitivamente a Granada, en 1538, y abre una pequeña librería en la Puerta Elvira. Sería en esta librería donde comienza su contacto con los libros de tipo religioso.

El 20 de enero de 1539 se produce un hecho trascendental. Mientras escuchaba el sermón predicado por San Juan de Ávila en la Ermita de los Mártires, tiene lugar su conversión. Las palabras de Juan de Ávila producen en él una conmoción tal, que le lleva a destruir los libros que vendía, vaga desnudo por la ciudad, los niños lo apedrean y todos se mofan de él.

Su comportamiento es el de un loco y, como tal, es encerrado en el Hospital Real. Allí trata con los enfermos y mendigos y va ordenando sus ideas y su espíritu mediante la reflexión profunda.

Juan de Ávila dirige su joven e impaciente espíritu y lo manda peregrinar al santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura. Allí madura su propósito y a los pies de la Virgen promete entregarse a los pobres, enfermos y a todos los desfavorecidos del mundo.

Juan vuelve a Granada en otoño de ese mismo año, lleno de entusiasmo y humanidad. Los recursos con los que cuenta son su propio esfuerzo y la generosidad de la gente. En un principio Juan utiliza las casas de sus bienhechores para acoger a los enfermos y desfavorecidos de la ciudad.

Pero pronto tuvo que alquilar una casa, en la calle Lucena, donde monta su primer hospital. Pronto crece su fama por Granada, y el obispo le pone el nombre de Juan de Dios.

Sus obras se multiplican y crece el número de sus discípulos -entre los cuales destaca Antón Martín, creador del Hospital de la Orden en Madrid llamado de Nuestra Señora del Amor de Dios- y se sientan las bases de su obra a través del tiempo.

El 8 de marzo de 1550, a los 55 años, moría Juan de Dios en Granada, víctima de una pulmonía a consecuencia de haberse tirado al río Genil para salvar a un joven.

Fue beatificado por el papa Urbano VIII el 1 de septiembre de 1630 y canonizado por el papa Alejandro VIII, el 16 de octubre de 1690.

Fue nombrado santo patrón de los hospitales y de los enfermos. A su muerte su obra se extendió por toda España, Portugal, Italia y Francia y hoy día está presente en los cinco continentes.

SAN JUAN DE DIOS EN GUADALUPE

Según recogen los cronistas del monasterio en 1539:

“Llegó a Guadalupe procedente del hospital de locos de Granada, donde lo tuvieron internado y donde conoció al Maestro Juan de Ávila. Costeaba su viaje, largo y lleno de peripecias, vendiendo haces de leña. Andrajoso, llegó a la Casa de la Señora, en cuyo templo se ocultó una noche, cuando el sacristán cerraba sus puertas y corría la cortina de la Virgen. Escondido tras una columna, rezó a la Virgen la plegaria de la Salve y, al llegar a las palabras “Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos”, se descorrió milagrosamente la cortina y pudo contemplar los ojos de la sagrada Imagen, quien le habló mostrándole a su Hijo desnudo y le dijo: “Juan, viste a mi Hijo para que aprendas a vestir a los pobres”. Sabido el milagro por el prior, padre Benavides, le tuvo veintidós días ayudando en los hospitales de Guadalupe con el hábito de donado, -que seguiría vistiendo durante muchos años. Juan marchó a Granada, donde puso en prácticas el mensaje de Nuestra Señora, fundando la Orden de Hermanos en una vieja casa, que él convirtió en Hospital de pobres, ayudado por el prior de los monjes jerónimos de esta ciudad”.

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La misión encomendada por la Virgen en Guadalupe a San Juan de Dios, dio su fruto en la fundación de la Orden Hospitala

 

 

ENIGMA DE GUADALUPE «ENTRANCE ROOM»

Aquí tienes la 4ª etapa

 

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